Las llaves, tarjetas o mandos se guardan en casilleros inteligentes previamente asignados y solo pueden ser retirados por usuarios autorizados mediante códigos personales. El sistema registra quién recoge cada llave, cuándo la retira y cuándo la devuelve, evitando entregas informales, pérdidas y falta de control sobre accesos a salas, despachos u oficinas.